02 junio 2006

INFINITO- Estefanía Rodero

(El miedo a lo infinito, Sandra Ramos)

(Y si soy pesada, disculpas. Ya sabéis que tengo una pequeña obsesión: ¿quién nos dice que cuando el ser humano descubra la verdadera materia de la que está hecho, la ley que rige los pobres átomos que guían su cuerpo, las pulsiones de su cerebro, no se dará cuenta de pronto de que es la misma materia que compone la última estrella del universo? ¿Y cuál ha sido el milagro, qué cruces estelares habrán tenido que darse, qué lazos, qué nudos, para que cada uno/a de nosotros/as, tal y como somos, con nuestras glorias y nuestras nimiedades, hayamos podido nacer? Mensajes: Paloma, la culpa la tienes tú; Ana, "La tempestad": estamos hechos de la misma materia de los sueños, te toca; Javier, esto también son Matemáticas; Alberto, dejanos un trocito de tu mundo por aqui, hace mucho que no leemos nada tuyo; Gonzalo, ¿esto también son ojos-tao?)
INFINITO (Estefanía Rodero)
Del lazo al nudo
salvando lo superfluo,
la curva indecisión
en que divaga,
el tiempo
difuso en el segundo,
compuertas,
fundidos en la nada.
Y un punto
de cruce que no llega,
y el nudo
cerrado como el ansia,
se aleja
como un gesto nocturno,
el lazo,
sinónimo: nostalgia.

6 Comments:

Anonymous Anónimo said...

Con arte tal fue construida Andria, que cada una de sus calles corre siguiendo la órbita de un planeta, y los edificios y los lugares de la vida en común repiten el orden de las constelaciones y las posiciones de los astros más luminosos: Antares, Alferaz, Capilla, las Cefeidas. El calendario de la ciudad está regulado de modo que trabajos y oficios y ceremonias se disponen en un mapa que corresponde al firmamento en esa fecha: así los días en la tierra y las noches en el cielo se reflejan.
De manera que a través de una reglamentación minuciosa, la vida de las ciudades transcurre calma como el movimiento de los cuerpos celestes y adquiere la necesidad de los fenómenos no sometidos al arbitrio humano. A los ciudadanos de Andria, alabando sus producciones industriosas y su sosiego espiritual, me animé a declararles:
-Comprendo bien que vosotros, que os sentís parte de un cielo inmutable, engranajes de una meticulosa relojería, os guardéis de introducir en vuestra ciudad y en vuestras costumbres el más leve cambio. Andria es la única ciudad que conozco a la cual le conviene permanecer inmóvil en el tiempo.
Se miraron estupefactos:
- ¿Pero por qué? ¿Y quién lo ha dicho?
Y me llevaron a visitar una calle colgante abierta recientemente sobre un bosque de bambúes, un teatro de sombras en construcción en el lugar de la perrera municipal, ahora trasladada a los pabellones del antiguo lazareto, suprimido por haberse curado los últimos apestados y - apenas inaugurados- un puerto fluvial, una estatua de Tales, un tobogán.
- ¿Y estas innovaciones no turban el ritmo astral de vuestra ciudad?-pregunté.
- Tan perfecta es la correspondencia entre nuestra ciudad y el cielo-respondieron-, que cada cambio de Andria comporta alguna novedad entre las estrellas. Los astrónomos escrutan el cielo con sus telescopios después de cada mudanza que se produce en Andria y señalan la explosión de una nova o el paso del anaranjado al amarillo en un remoto punto del firmamento, la expansión de una nebulosa, la curva de una vuelta de la espiral de la Vía Láctea. Cada cambio implica otros cambios en cadena, tanto en Andria como entre las estrellas: la ciudad y el cielo no permanecen jamás iguales.
Del carácter de los habitantes de Andria merecen recordarse dos virtudes: la seguridad en sí mismos y la prudencia. Convencidos de que toda innovación en la ciudad influye en el diseño del cielo, antes de cada decisión calculan los riesgos y las ventajas para ellos y para el conjunto de la ciudad y de los mundos.

1:03 p. m.  
Anonymous Anónimo said...

¿Encontraría a la Maga? Tantas veces me había bastado asomarme, viniendo por la rue de Seine, al arco que da al Quai de Conti, y apenas la luz de ceniza y olivo que flota sobre el río me dejaba distinguir las formas, ya su silueta delgada se inscribía en el Pont des Arts, a veces andando de un lado a otro, a veces detenida en el pretil de hierro, inclinada sobre el agua. Y era tan natural cruzar la calle, subir los peldaños del puente, entrar en su delgada cintura y acercarme a la Maga que sonreía sin sorpresa, convencida como yo de que un encuentro casual era lo menos casual en nuestras vidas…

4:10 p. m.  
Anonymous Anónimo said...

Muchos comentan que el símbolo atribuido a infinito tiene la forma de una cinta de Moebius (o sea, mía). La banda de Moebius (mi banda) es un objeto que tiene una sola cara y no es orientable. Para construirla se parte de una cinta cerrada de dos caras se hace un corte, se gira uno de los extremos y se vuelve a pegar. La banda resultante tiene sólo un borde y una sola cara, lo que se puede comprobar siguiendo el borde con un dedo, por ejemplo, y notando que se alcanza el punto opuesto sin haber atravesado la superficie; así mismo, si se trata de pintar un lado de un color y el opuesto de otro, se llegará al momento en que los dos colores choquen. Nudos sin atar, danza de infinitos sobre el aire. La wikipedia no llega a tanto. Lástima.

4:24 p. m.  
Anonymous Anónimo said...

Querido Moëbius, es una lástima que la Wikipedia no encuentre lírica en tu banda. Como me ha dado mucha pena, te regalo una danza de infinitos sobre el aire. Espero que Estefanía no se enfade.

Nuestros pies danzan, /la forma irrepetible/signo del tiempo/en el suelo/van trazando/nadie más oye/la sorda melodía/de planetas y silencios/alineados.//Para que el cruce en/el abrazo/halle su horma/y se detenga/el hacer/que está bailando,/adivinar el gesto/en que se pare,/y sobre el aire/en infinito/amar girando.

Por cierto, Moebius, si ves a La Maga dile que me llame, porque desde que se escapó de mi espejo no me puedo mirar.

4:41 p. m.  
Anonymous Anónimo said...

Catarata, no sólo no me enfado, sino que te agradezco que te hayas servido de mí para abrazar a Moebius, pobre, tan triste con hula-hop de tiempo. Espero que La Maga te responda, porque me tenéis frita entre las dos, así sólo puedo maquillar mi sombra. Seguramente se haya enganchado con algún marcapáginas y no puede salir. O se habrá equivocado de capítulo y se habrá enredado con los piolines de Oliveira, qué pesado, siempre igual. Si ves a Italo, dile que mande una postal, tanta ciudad y tan poco por hacer, gente que sueña su siesta y que mira por la ventana. Un abrazo, no pases por el Retiro que ya sabes lo que pasa.

4:45 p. m.  
Anonymous Anónimo said...

JAJAJAJAJAJA!!!!!!!!!!!

NI PESSOA!!!!!!!!!!!!!!

4:46 p. m.  

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