26 mayo 2006

Essex Hemphill


Condiciones (XXI)

Juzgas a una mujer
por el largo de su falda,
por cómo camina,
habla, mira y actúa;
por el color de su piel la juzgas
y la llamas "¡zorra!"
"¡zorra negra!"
si es que no hace caso a tu:
"Eh, cariño, es que no quieres pedirle algo
a un hombre"

Juzgas a una mujer
por el trabajo que desempeña,
por su número de hijos,
por el número de ceros de su cheque;
por los muchos hombres con los que puede
haberse acostado
y te preguntas con qué trola
tratarás de ligártela esta vez.

Le dices a una mujer
cada verso que se te ocurre,
y después, como la aguja desesperada
de un yonqui con mono,
te zambulles en sus venas,
viajas alocado por su sangre,

confundes su mente, haces que odie
y que sea fría con los hombres que puedan venir después,
destrozando el hilo de tranquilidadal que se aferraba.

Juzgas a una mujer
por lo que pueda hacer sólo por ti
pero no tiene sentido que los esclavos tengan
esclavos.

Juzgas a una mujer
por la impresión que crees que le has causado.
Pides y ella te da,
tomas sin pedir,

le pegas y te obedecerá,
sueltas su nombre por las calles
como si se te escapara un silbido
-sabiendo que sus vecinos hablarán.
La sangre de su familia se derramará
como un riachuelo roto.
Y cuando te hayas ido,
queda una mujer
curando sus heridas en soledad.

Pero nosotros que nos llamamos hombres,
nosotros que nos llamamos hermanos
nos preguntamos por qué es tan difícil
amar a nuestras mujeres
cuando resulta que las amamos
del modo en que américa
nos ama a nosotros.


Traduccion de Aránzazu Oteo Ugarte
Essex Hemphill, 1986.

1 Comments:

Anonymous Estefanía said...

Para quien pusiera el poema: qué casualidad, esa misma mañana estuve hablando en el trabajo de los matices de la discriminación. En una misma persona, como en Essex, se pueden juntar una serie de "imposibilidades" que nos hacen recordar que todo en esta vida es cuestión de matices y de diálogos que han de hacerse muy despacio. Me resultaba más cercano el discurso de la homosexualidad negra femenina, ya que tuve la suerte de leer "La hermana, la extranjera" de Audre Lorde. Lo que me ha sorprendido más es que desde la militancia homosexual de Hemphill no se olvide el hecho de que una cierta idea de masculinidad nos hace polvo tanto a los hombres como a las mujeres. Me ha hecho pensar mucho. Un abrazo al/la culpable.

8:02 p. m.  

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